
Han pasado ya unos días desde que terminé “La Tinta Azul de la Memoria”… el primer bebé de nuestro amigo y compañero bloggero Mariano alias “El Zurdo”. He demorado este post por dos cosas:
1. Mi querido jefe no me ha dejado ni a sol ni a sombra… ni a luna diría yo. He llegado a casa tarde, en formato de trapo humano con ojeras. Si quiero hablar del primer bebé del Zurdo tendré que estar al 100% “hombrepordios”.
2. No sabía muy bien cómo enfocar la idea de hablar de la novela sin contar más de la cuenta. No soy crítica, ni escritora… ni si quiera guionista de cómics mudos. Y estoy rodeada en la blogosfera de gente que escribe muy requetebién. Así que no se pueden pedir peras al olmo (mejor pedírselas Don Enrique, el del super). De modo que para no desvelar más de la cuenta y ser una "destripalibros", voy a contar únicamente las sensaciones que me ha causado La Tinta Azul (aunque mi libro estaba defectuoso Mariano, cuando lo abrí las letras eran negras, comunícaselo urgentemente a los editores). Esto no es una crítica, ni descripción del libro. Es lo que me has transmitido Mariano.
Lo primero comentarte, que está muy bien escrito para haberlo hecho con la mano zurda, teniendo en cuenta que yo con la izquierda no sé ni cómo coger el bolígrafo.
Y ahora ya dejando el cachondeo a un lado, he de decirte que discrepo contigo y todos los que han dicho que es una lectura difícil. Discrepo completamente y te lo dice la típica persona que no da segundas oportunidades a los libros: si no hay cierto imán desde el principio ¡adiós muy buenas portada con hojas! No he sentido en ningún momento ganas de abandonar la lectura (yo por difícil de leer, entiendo eso).
Y ahora ya dejando el cachondeo a un lado, he de decirte que discrepo contigo y todos los que han dicho que es una lectura difícil. Discrepo completamente y te lo dice la típica persona que no da segundas oportunidades a los libros: si no hay cierto imán desde el principio ¡adiós muy buenas portada con hojas! No he sentido en ningún momento ganas de abandonar la lectura (yo por difícil de leer, entiendo eso).
Creo que a lo que te referías tú, es que no es un libro de evasión de la realidad. Normalmente los mortales leemos entre otras cosas para andar por otros mundos, mejores o peores que el nuestro… pero diferentes. Tu libro, aunque con enfoque novelesco, me ha transmitido sentimientos bastante reales: Soledad, incomprensión familiar, amor, amistad, pena, alegría, autosuperación… sin superhéroes ni personas extraordinarias, sino gente campechana como tú y yo. Todo ello desde su parte más cruda y aderezado, eso sí, con una ternura de la que no te puedes desprender (porque quien es tierno, es tierno Marianín) y ha sido esa ternura lo que más me ha enganchado. Tenías una caricia hasta para los personajes más sobrios y las situaciones más tristes.
Me he encariñado con los personajes, ¡y mira que hay! No ha tenido que ser fácil para ti manejarlos a todos… Cela no lo tuvo complicado porque lo suyo no era un libro, era una Colmena. Chapó, yo no habría sabido hacerlo mejor. No tengo imaginación para crear tantas personalidades diferentes.
También me has transmitido un punto de vista filosófico (cómo no iba a salir la Sócrates que llevo dentro). ¡Y es que el contraste entre una vida en soledad y otra en compañía de gente que te quiere es tan grande! Me alegro de pertenecer al segundo grupo. Sé perfectamente que sin mi gente no tendría tantas “batallas ganadas en guerras sin declarar”… como tu describes en cierto modo a la vida.
Pienso que hay mucho de ti en ese libro, no te conozco personalmente, pero si nos hemos escrito mails y aunque sé que así solo puedo vislumbrar tu personalidad, creo que la noto en esas páginas. Dicho de otro modo, por cómo has escrito el libro noto que te conozco un poco más.
Un besote, esperando expectante tu próximo libro me hallo. No me extraña que seas tenor, si cantas tan agudo como escribes...

